viernes 20 de noviembre de 2009

pilar

¿Seguro que vos no estás embarazada? Pregunta la señora María del Carmen Arostegui de Gorostiaga -Carmencita, para las amigas del té- a su empleada doméstica, Rosa Gómez, Rosa, para la señora María del Carmen y para la gente del barrio. No me digas que estás embarazada..., insiste Carmencita, que ahora se toma la cabeza y niega, Carmencita negadora y la Rosa que bien sabía que a la Señora le iba a molestar si ella se daba cuenta del bombo, entonces ahora es Rosa la que niega con la cabeza, la que explica que no señora, no se ande con cosas raras, que yo vivo sola y yo solita me atiendo, y Rosa que se atiende solita y de paso atiende a la familia Arostegui Gorostiaga y comensales varios, jura y se besa los dedos para que Carmen le crea. Estoy gorda nomás, aclara, y sirve las tostadas para Marcos Arostegui Gorostiaga, pilar del Etchecopar's Rugby Club, cocainómano social y perfecto armador de cigarritos de marihuana. Rosita, estas tostadas del orto están quemadas, hacé nuevas, y Rosita que corre a la cocina, se muerde los labios, mete panza para adentro -le pide perdón a un feto sin nombre- y sonríe para luego soñar el día en que los Arostegui Gorostiaga sean víctimas de un hecho milagroso, de justicia o psicópata-delictivo.-
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(imagen extraída de aquí)

jueves 19 de noviembre de 2009

detrás

El jueves 19 de noviembre de 2009, llamame: si seguimos solos, nos casamos al día siguiente. Cada mañana desde ese febrero en Villa Gesell, que me despierto para leer tu promesa anotada detrás de un boleto de colectivo. Fue en el '94: yo estaba borracho y vos desnuda, preciosa, distinta. Y me juraste una pavada, que volveríamos a vernos dentro de quince años, y para esa época seguro que a mí me pareció un siglo, y vos habrás asegurado eso como un decir estúpido de una mujer cualquiera con intenciones de no quedarse sola. Pero para mí no. Y entonces llegó el 19 de noviembre de 2009, tengo más barba que a los 17, menos razones para estar ilusionado y un trabajo que me ocupa todo el día. Quince años después de tu promesa rectangular -ubicada justo debajo del vidrio de mi mesita de luz-, no tengo hijos ni pienso tenerlos porque para empezar, no tengo con quién. ¿Y vos? ¿Qué contás? Tanto tiempo, después de quince años cómo estás, es 19 de noviembre de 2009, ¿Te acordaste de...? Sí, mucho tiempo, me recibí, ¿Vos? Te llamo por otra cosa, ¿Te acordás de...? Sí, claro. ¿El también es abogado? ¿Hace mucho están? Qué bueno, qué lindo lo que me contás. Sí, claro, yo también estoy con alguien, nadie espera quince años.-
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(imagen extraída de aquí)

miércoles 18 de noviembre de 2009

celiacos

Las gotas de los aireacondicionados que se mezclan con la lluvia no anunciada por el servicio meteorológico; el eclipse de las BlackBerrys con frío; una tele clavada en los números de la Bolsa; el patrullero que aulla y pestañea en azul y blanco; mi pastilla que una vez en la boca, se parte en mínimas navajas con gusto a cereza; un nene que infla y desinfla una bolsa de supermercado embadurnada en poxiran; los paraguas que se rompen de tormenta; olor a garrapiñada pasada; la loca del Banco Patagonia, que baila y se enreda con su propia bufanda; una moneda de cinco centavos tirada; la agonía del humo del cigarrillo; promociones y descuentos en productos para celiacos; afiches y papelitos para contratar putas y viajes turísticos; el viento que dobla telones y desnuda oficinistas; ojos abiertos frente a las avenidas; perfume de Barrio Norte; revistas para tatuadores con disfunción eréctil; tres corbatas de invierno; el carro de los cartoneros que rompen bolsas en busca del día; café con leche descremada; una señora que pregunta dónde se toma el 132; las palomas que se cuelan en los cables de luz; mi pelo mareado frente a la vidriera de una rotisería; la miseria humana que se hunde para siempre en el barro de las tres de la tarde.-
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(imagen extraída de aquí)

martes 17 de noviembre de 2009

Afganistán

El nivel socioeconómico de un niño se ve marcado por una sola cosa: el viaje a Disney. Si tenés entre siete y once años, por más que hayas llenado el album de figuritas de Dragon Ball o sepas todos los trucos del Mario Bross, si no conocés Disneylandia -no besaste la nariz de Mickey, no vomitaste en alguna montaña rusa y no te sacaste la foto con los personajes de El Rey León-, lo siento mucho, querido, pero no existís. Tengo varios años más de once o doce, y todavía no conozco Disney. No conozco el Parque de la Costa, la gente se ríe cuando aseguro que no voy a los parques de diversiones porque no me divierten: a mis veintitantos, no concibo un parque de diversiones sin putas, drogas duras e interminables torneos de Wining Eleven. La verdad es que ahora, Disney me importa casi tan poco como el cultivo de moras transgénicas en Afganistán. Pero cuando era chico, la perspectiva era distinta. Yo siempre tan aplicado, tan delirios de Europa y adicciones al Family Game. Pero no hay recuerdos de Disney, no de un lugar al que siempre me prometieron que iría, y a fin de cuentas, jamás visité. Siempre era el año que viene. Y nada. El año que viene -como el año anterior- era San Bernardo, y allí, si había suerte, tal vez algún trencito de la alegría. Cada comienzo de año era una patada exacta en la zona baja de las pelotas. Todos los chicos con sus cartucheras recién traídas de Orlando. Y a veces me regalaban como souvenir, un lápiz de Pluto: tomá, para que te sientas menos pobre, yo sí te regalo las sobras de mi felicidad importada.-
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lunes 16 de noviembre de 2009

monopatín

Me preocupa que ya no me cagues con otro tipo. ¿Qué pasa? ¿Por qué hacés esto y me llamás antes de dormir y lavás los platos sin chistar y te dejás someter a mis fantasías de sádico amo sexual? ¿Acaso soy yo el cambiado? ¿Te hablo, te toco, te mantengo mejor? Despista verte tan atenta, que ofrezcas siempre una solución al conflicto y con tanta facilidad. Tu nuevo método de seducción funciona, pero me aterra: qué me vas a pedir, por dónde tenés pensado chicanearme, que hasta te acomodás en cucharita para la siesta del domingo y no querés salir con tus amigas. Ya no sé qué pensar. Espié los cajones de tus análisis y está todo en orden. Seguís comprando toallitas femeninas y pastillas anticonceptivas. Y no me cagás. Ya no, porque no hay reuniones fuera de casa ni llamados fantasma en la madrugada. Hasta ganas de engañarte me dan, tu repentina coherencia marital me cae como inyección de uranio. Y tu sonrisa. Tu flamante y permanente ánimo impoluto. Te ves feliz, y ahora me hablás de hijos, de pasar las vacaciones y la vida juntos. Claro, la señorita ya no me caga y espera que uno festeje con bengala, bombo y gorrita. Y me decís te amo cada quince minutos. ¿Sabés qué -Miss Cariñosa-, por qué no te vas -en monopatín- al carajo?.-
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(imagen extraída de aquí)

domingo 15 de noviembre de 2009

disparos de lucidez: #32

O vos o la casa llena de gatos.
Ella dijo eso.
Y me pareció genial, honesto y poético.-

sábado 14 de noviembre de 2009

disparos de lucidez: #31

Fundamental reconocer la propia derrota antes que el otro la reconozca por uno.-