jueves, 3 de mayo de 2012

jogging

Mi problema no es con ella sino con Brigitte Bardot, que es también ella cuando sale a la calle disfrazada de celebrity, de superestrella-encantadora-sexy-brutal para su público mediopelo que nunca la tendrá en la intimidad como sí la tengo yo. Al momento en que llega a casa y la veo lavar los platos y ponerse ese jogging que la vuelve un tanto más mortal, es allí cuando la encuentro como quiero. El resto es una mueca que ella disfruta y yo resisto: las sonrisas cómplices para los onanistas de treinta y pico, la pose ganadora y el discurso prolijo y sensual. Pero conmigo no es así. No en lo cotidiano y nuestro. Mis amigos creen que miento. Me lava los calzoncillos, explico en el bar. Se ríe, la gente: un poco de mí, otro tanto de mi performance -porque ella, Brigitte, el personaje, también creó un personaje para mí; yo mismo soy un personaje ridículo y social-. Yo sé cómo se peina frente al espejo. La he visto llorar contra una camisa que quemó al planchar. Yo soy el que contiene su ira cuando demora el delivery, el que carga los libros que más tarde firmará para sus fans. Es compleja esta vida de lazarillo emocional, pero así como pocos entenderán que es incómodo sacar a pasear a una femme fatale, doy fe de que despojada de su esencia siempre arrolladora es la única mujer que me hace sentir James Dean.-
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(imagen extraída de aquí)

lunes, 30 de abril de 2012

criptozoología

No conozco Neuquén, no me interesa la nieve, me incomoda el frío, no tengo campera de abrigo como para visitar el sur, me hincha las pelotas andar en carpa, no me gustan los lagos, desprecio la belleza natural de las montañas, no creo en las tradiciones mapuches, no respeto los mitos ancestrales sin posibilidad de comprobación científica, dudo sobre la existencia de seres interplanetarios, de criaturas sobrenaturales, del producto de la actividad nuclear en los fondos oceánicos, de los fondos oceánicos, de las buenas intenciones de la gente de pueblo, y para colmo me perturban los viajes en avión, llegar o bajar o subir o señar o ubicar hospedaje o restaurant o lugar para hacer pis, y aún así, tampoco respeto la criptozoología y a la gente que necesita creer en animales mágicos para nutrir su vida -vidita- monótona, sus expediciones turísticas con fines siempre didácticos y nunca sexuales, lejos de las drogas y los excesos, y no creo incurrir ni en un exceso ni desatino ni exageración si digo que jamás vi al monstruo Nahuelito pero dada una comparación al azar, si tu ego fuese el Nahuelito, no sé qué comerías pero esta pareja que conformamos sería una muy apetecible foca herida y en la antesala de tus fauces violentas, despiadadas y sin gollete.-
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(imagen extraída de aquí)

lunes, 23 de abril de 2012

creatina

Vemos a los nenes bien
con sus sonrisitas de emoción lustrada,
sus camisas al cuerpo, el pelo revuelto
y las chicas de hockey que se les parecen.
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Bailan con éxtasis recoleto:
encienden sus ojos verdes y azules
al mirar a sus compañeras
de facultad bilingüe y fiesta de Fraternidad.
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Ostentan perfumes adolescentes
y movimientos de gimnasio y creatina.
Los rugbiers borrachos del hoy
son los community manager del mañana.
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Con apellidos patricios
coronan la noche en barras selectas.
Comparten tragos secretos,
charlan desde el sótano de la vida.
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Los pibes de a pie
los miramos con los labios apretados.
Solo nos consuela el fernet con cola
y la certeza de que dormimos con sus hermanas.-
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(imagen de Helmut Newton, extraída de aquí)

lunes, 16 de abril de 2012

horcajadas

Subieron hasta el décimo piso, abrió la puerta del departamento y le pidió que dejara los zapatos en la entrada. Todo era blanco perfecto, con unas cuantas fotografías alineadas en las paredes con iluminación: a cada portaretrato le correspondía una lámpara dicroica. Le indicó en qué silla debía sentarse, justo frente a ella. Preguntó qué tenía ganas de tomar. Dijo que cualquier cosa estaría bien. Cualquier cosa resultó ser un whisky muy lejos de ser cualquiera, y que llenó en dos copas petisas y con cinco hielos igual de cuadrados. Llevó un individual que ubicó en perfecta simetría sobre la mesa. Puso música: un disco de bossa. Mantuvo las piernas cruzadas durante toda la charla. Vació el cenicero cada vez que terminaba un cigarrillo, aprovechaba para reforzar su maquillaje y mirarse el pelo en un espejo que tenía en la cocina. La vajilla estaba lavada, el teléfono inalámbrico en su base, las llaves en el gancho de la entrada, los abrigos en un perchero. Cada media hora, un dispenser escupía la fragancia que sin ser invasiva, llenaba de vainilla los ambientes del departamento. Ella lo miraba a él con seguridad, directo a los ojos. Hablaba bajo, reía lo necesario como para que él se sintiera cómodo, confiado de besarla en el momento en que ella volvió a llenar las copas de whisky. Luego se sentó sobre él, a horcajadas. Fue diplomática hasta para dejar caer su vestido negro y descubrir entonces dos pechos armónicos, redondísimos, de enciclopedia. Se dejó tocar con genuina delicadeza, fue sobria para gemir y se ató a ortodoxo protocolo hasta que le dijo -bien claro y con la boca pegada a su oído-:
-cojeme, hijo de puta.-
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(foto de Yulia Gorodinski extraída de aquí)

miércoles, 28 de marzo de 2012

glacial

Tengo miedo de los conejos amarillos, y vos que en el mientras tanto, te demorás porque andás de brutal estampida y yiro noctámbulo con cualquier Che Guevara de cebita. Aclaremos que no tengo nada personal contra los conejos amarillos, pero son demasiado amarillos y no combinan con los muebles: arruinan la imagen de solemnidad que quiero tener cuando te grite que sos una mala persona, una abandonadora de hogares y conejos amarillos, una hija de puta sin respeto ni coraje para volver a casa y explicar lo que no hace falta que expliques porque si no volviste a dormir en los últimos cuatro días, y ni te dignaste a mandarme un mensaje de texto para mi cumpleaños, ni comprarme aunque más no sea un libro de los pelotudos de tus compañeros de Letras, no hace falta darse cuenta que ni sintonía fina tenés para enunciar que ya no querés nada. Mala persona, así quiero gritarte para luego revolear conejos amarillos y romper uno a uno los ventanales que dan al patio. Que los vecinos se enteren que dormimos durante todo este tiempo con un escuadrón de conejos con peste, que violamos las leyes del consorcio al entrar con animales salvajes y enfermos, que tuvimos relaciones contra las paredes del zaguán y que robamos las flores de Doña Eleonora para darle de comer a estos millones de conejitos amarillos, tan tiernos ellos, tan simpáticos y sonrientes y roedores de mi propio cuerpo desplomado en tu lado glacial de la cama.-
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(imagen extraída de aquí) 

lunes, 12 de marzo de 2012

Amoxidal

El perfume de la orina al tomar Amoxidal,
La gente bajo techo cuando llega el temporal,
Los culos aceitados en las noches de carnaval:
Con esa intriga enferma, te espero.
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Con cariño barrilete y visceral,
mientras miro los aviones y el despegue sideral
comienza esa caída hacia un cambio radical
porque -ya lo ves, lo dije- te espero.
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Será difícil abrazarte y saber que no estás igual.
Que tu viaje y el silencio nos arrebató el plural;
que fuiste reina del puticlub hipster magistral
a mis espaldas, y que aún así, te espero.
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Pasaron varias horas -nunca fuiste muy puntual-,
cuando llegues hablame del otro, de su pose cultural
de cómo cogían en Francia, de su sexo musical
porque necesito razones ciertas: con un arma te espero.-
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(imagen extraída de aquí)

jueves, 8 de marzo de 2012

inglés

Te miro a los ojos, o a lo que creo que son tus ojos, porque en esta sala 3 -butacas 15 y 16, fila J- está muy oscuro y es coherente ya que esa es la lógica del cine: todo apagado, un proyector en lo alto, una pantalla y una mujer hermosa que se ríe de cualquier pelotudez que le pongan enfrente. Y en eso estamos, te reís de algo que no es gracioso -jamás me dio risa ni las morisquetas de los nenes ni el humor inglés con sus exabruptos burgueses y globalizados-, y yo te miro medio como queriendo adivinar dónde están tus ojos si es que siguen en el mismo lugar, si es que todavía son dos, atentos a esta película que es una garcha pero a la que le sonrío porque vos la elegiste, y entonces pongo buena cara, coherente con la imagen de buen pibe que acompaña a una buena piba al cine, que compra y come pochoclo -que siempre es dulce, no lo sometamos a debate-, toma la gaseosa que prefiera la invitada y hasta tendrá la deferencia de elogiar con euforia este bodrio si es que ella se pone de pie para aplaudirle a la interminable lista de créditos. Pero todavía reís, señal de que la película sigue. Extiendo la mano para tocarte la cara y te meto un dedo en el ojo. Gitás ¡ay, pelotudo! Ya no reís, pero al menos sé que tus ojos siguen en el mismo lugar y que mi asiento es cómodo, de felpa, con apoya vasos y el indicado.-
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(imagen extraída de aquí)